Fundamentación ética

Las nociones de lo bueno y lo malo han tenido diversos acercamientos a lo largo de la historia de la humanidad, y muchas veces presentan grandes variaciones entre diferentes sociedades, aun dentro de una misma época. Por ello se han elaborado múltiples teorías éticas, que toman en cuenta uno o más parámetros fundamentales para definir lo correcto o lo bueno, o bien lo malo o incorrecto. Por ejemplo, las teorías deontológicas, o centradas en los deberes, ponen su interés en los deberes de los individuos, mientras que las consecuencialistas se preocupan por las consecuencias de las acciones. Por su parte, las éticas de la responsabilidad toman en cuenta simultáneamente la valoración de los deberes y de las consecuencias de las posibles decisiones, para poder calificar una acción como buena o mala, correcta o incorrecta.

Al respecto, el Manual de Ética Médica de la Asociación Médica Mundial señala que, en el estudio de la moralidad, la ética reconoce varios acercamientos racionales para la toma de decisiones y el comportamiento: la deontología, el consecuencialismo, el principialismo y la ética de la virtud, ninguno de los cuales alcanza aceptación universal, pues los individuos varían en sus preferencias sobre el abordaje a utilizar. El Manual propone que quizá una combinación de las cuatro aproximaciones, que incluya lo mejor de cada una de ellas, sea el mejor camino para tomar decisiones éticas racionales: habría que tomar en cuenta las reglas o principios (deontología), identificar los más relevantes para la situación y aplicarlos en la mayor medida posible, pero también examinar las consecuencias de las diversas opciones y procurar que la decisión tomada sea la mejor, la más admirable (ética de la virtud).

El mismo Manual señala que, a pesar de las diferencias en criterios éticos que pudieran existir entre culturas, la mayoría de los seres humanos puede estar de acuerdo con los principios éticos fundamentales proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Considera como precepto fundamental la obligación de respetar y tratar de la misma manera a todas las pacientes, pues todos los seres humanos son iguales en dignidad y derechos, y señala que la compasión —uno de los valores centrales de la medicina— se basa precisamente en esa dignidad.

En la búsqueda de una ética capaz de universalizarse, es decir, de lograr aceptación de la mayoría de la población, se ha encontrado que el abordaje desde los derechos humanos es el que logra mayor consenso. Así quedó evidenciado con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la mayoría de los países del mundo, que se comprometieron a tomar las medidas necesarias para favorecer el respeto de los derechos que contiene. Ese compromiso ha progresado en México hasta positivizar diversos derechos humanos como normas de cumplimiento obligatorio.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene como fundamento el reconocimiento irrestricto de la dignidad humana: aquella cualidad inherente a cada individuo de nuestra especie, que merece respeto por el solo hecho de ser un ser humano. Aunque el conjunto de los derechos humanos no puede considerarse una teoría ética completa, sí define una serie de derechos —entre ellos, los derechos a la vida y a la salud— que pueden interpretarse, para los fines de este análisis, en el sentido de que las personas que acuden a solicitar atención a un sistema de salud tienen derecho a ser tratadas dignamente y a que se les ayude a mantener y recuperar su salud y a preservar su vida, mediante una atención médica adecuada que cumpla los estándares científicos, éticos y normativos aplicables a su condición clínica.

La relación formal entre bioética y derechos humanos quedó plasmada en la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, emitida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en 2005. Esta declaración aborda las cuestiones éticas relacionadas con la medicina y las ciencias de la vida, y se dirige a los Estados, aunque también puede ser de utilidad para decisiones individuales o grupales cuando ello sea procedente. Su objetivo es proporcionar a los Estados un marco universal de principios y procedimientos para la formulación de legislaciones, políticas y otros instrumentos en el ámbito de la bioética.

Estos marcos éticos y de derechos humanos son, en buena medida, el fundamento con el que se evalúa —en una Opinión Técnica Médica o un Dictamen Médico Pericial— si la atención que recibió una paciente respetó su dignidad y sus derechos, más allá de lo estrictamente técnico.